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S.O.S: ¡Vivo con un adolescente! ¿Qué hago para mejorar la convivencia?

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Vivir con un adolescente no es nada fácil, son muchos los padres angustiados que llaman y acuden a las consultas de psicólogos buscando alivio, consejo y ayuda para poder tener una relación más positiva con sus hijos adolescentes y acabar con las discusiones en el hogar.

Pero antes de pasar a dar unas pautas básicas, es importante entender qué es lo que está pasando por dentro y por fuera de un adolescente.

La adolescencia, como todos sabemos, es una fase en nuestro desarrollo personal en la que se acontecen una gran cantidad de cambios físicos, psíquicos y sociales que podemos definir como el paso de la niñez a la adultez.

En el aspecto físico, nuestro cuerpo se desarrolla hasta ser un organismo maduro capaz de reproducirse. Algunos adolescentes ven estos cambios de una manera positiva. Sin embargo, otros los experimentan con miedos y complejos. Es aconsejable informar a nuestros hijos acerca de los cambios que están y que van a experimentar, normalizando este acontecimiento y arropándoles en este proceso. Imaginemos por un momento que en un periodo de 2- 3 años nuestro cuerpo cambiase tanto como cambia el cuerpo de un niño a un adulto. Tendríamos que volver a construir nuestro autoconcepto y reconocer esa imagen que vemos en el espejo como uno mismo. Es un proceso que, además del aspecto más puramente físico, acarrea un aspecto psíquico de aceptación y de autoconocimiento.

En el aspecto psíquico, el adolescente necesita su propio espacio. Filogenéticamente, nuestros antepasados se independizaban del hogar familiar en este periodo. El momento de ser capaces de crear una familia propia, era el momento de salir de la familia de origen. Actualmente, en algunas culturas sigue siendo así. La psiquis de un adolescente le dice que ya es adulto, que es capaz de decidir por sí mismo, que tiene que romper con las normas de sus progenitores y crear las suyas propias. En nuestro contexto, esto es causa de muchos conflictos puesto que viven bajo el mismo techo progenitores y adolescentes, creando choques de ideas donde es muy difícil llegar a acuerdos. Algunos padres tienen la sensación de que “les llevan la contraria” en todos los aspectos y parece que incluso lo hacen a propósito. Esto no es del todo cierto, puesto que, la mente de un adolescente tiene esa necesidad de romper con las normas establecidas y experimentar las suyas propias. Es parte del desarrollo de un adolescente buscar una distancia psíquica de sus progenitores, buscar su propio espacio y su propia identidad.

En el aspecto social, es una etapa en la que se le da un gran valor al grupo de amigos, de iguales. Todo lo que el grupo diga o haga es para el adolescente la norma y la guía de su conducta. Esto tiene que ver con el proceso de crear su propia identidad. Necesitan, a parte del distanciamiento de los padres, el acercamiento a un grupo propio y sentir que forman parte de él. Su identidad se formará en unos cuantos años pasando por diferentes estadios hasta alcanzar la identidad propia y definitiva. Es necesario para un adolescente pasar mucho tiempo con sus amigos, puesto que se sienten entendidos, comprendidos y apoyados. Es positivo que tengan experiencias sociales e incluso pueden cambiar varias veces de grupo de amigos en esta etapa.

Resumiendo hasta aquí, podemos decir que la adolescencia es un proceso que dura varios años (Entre los 11-12 hasta los 18-20) donde se dan cambios físicos, psíquicos y sociales que revolucionan por completo la vida del adolescente y de su familia.

Dicho esto, la angustia que muchos padres muestran es acerca de cómo educar a su hijo adolescente evitando los conflictos familiares. Cada familia es diferente y, el trabajo de los psicólogos, consiste en hacer una evaluación de cada una de las situaciones conflictivas que se dan en la familia. En la mayoría de ocasiones, el problema está en que al hijo adolescente no se le han puesto límites desde pequeño y ha acabado desarrollando el “Síndrome del Emperador” controlando todas las normas de la casa y haciendo y deshaciendo a su antojo. Llegados a este punto de conflicto, mi consejo es que acudan a un psicólogo y expliquen su situación para que puedan realizar un programa de pautas individualizado a su caso.

A continuación, paso a exponer 4 recomendaciones generales que pueden ayudar a los padres a tener una convivencia mejor con sus hijos adolescentes:

  1. Más que imponer, negociar. Puesto que el desarrollo psíquico de un hijo adolescente es algo evidente, es una etapa en la que se revelan contra las normas, por lo que, suele dar mucho mejor resultado negociar las normas de casa con ellos, hablando el tiempo que sea necesario, en un clima de diálogo y de acercamiento de posturas. Los padres tienen que entender que deben dar más autonomía a sus hijos porque la necesitan y porque ahora es el momento en el que los hijos pueden aprender de los propios errores teniendo aún a sus padres al lado para que les ayuden a levantarse de nuevo. Es bueno que se equivoquen por ellos mismos y sufran las consecuencias de sus actos. Las negociaciones tienen que tener la finalidad de que ambas partes se entiendan y se respeten.
  2. Fomentar la autonomía. Además de negociar las normas, es positivo que ellos mismos se ganen su paga semanal con tareas del hogar. Tienen que aprender que la casa es de todos y, por lo tanto, tienen que formar parte activa de sus obligaciones. Es una manera de que poco a poco aprendan a llevar una casa para cuando sean adultos y se independicen. Para motivarlos, se puede hacer un planning semanal y dividir el importe total de la paga entre las tareas que semanalmente tengan que realizar. Cada vez que realicen una tarea se anota en el planning y, al final de la semana, se suma esa cantidad  que será la paga que recibirán. Es una manera de que aprendan a valorar el dinero y de que aprendan también a valorar la limpieza y el orden de la casa.
  3. Dejarles su espacio de intimidad. Es aconsejable que tengan su habitación propia y que se les respete en su espacio. Llamar a la puerta antes de entrar les hará sentir que respetas su espacio e intimidad. Así mismo, hay que ser respetuoso con sus opiniones por muy absurdas que nos parezcan, debemos pensar que son opiniones basadas en la inexperiencia pero que ellos las sienten como reales y ciertas. No mofarse de su ropa, no criticar a sus amigos. Respetemos cómo son (nos guste o no) y busquemos un acercamiento a sus ideas.
  4. Entender que necesitan gran cantidad de tiempo para socializarse. Puesto que es una etapa en la que el grupo de iguales cobra más protagonismo que nunca, intentemos, en la medida de lo posible que disfruten de los amigos y ayudemos a que sepan divertirse de una manera sana. Si les prohibimos salir con los amigos porque consideramos que tienen que estar más tiempo en casa, lo que conseguiremos es que no confíen en nosotros y que se distancien aún más emocionalmente. Podemos ofrecer nuestra casa para que vengan a merendar con sus amigos, así también los conocemos y estaremos más tranquilos de saber con quién va nuestro hijo.

Aún siguiendo estas sencillas pautas, convivir con un adolescente puede resultar un foco de estrés y ansiedad. Hay que tener mucha paciencia y cambiar también nuestra forma de percibir a nuestro hijo: “Es un pequeño adulto inexperto que no sabe manejarse en el mundo, pero que él está convencido de que sí”. Seamos sus compañeros de camino en esta etapa dándole la mano siempre que nos necesiten pero aceptando que quieren experimentar andar el camino ellos solos.

Como siempre, espero que os haya gustado y servido de ayuda esta entrada. Y, ya sabéis, si consideráis que puede ser interesante para otras personas, no dudéis en compartirla 🙂

¡Hasta la próxima entrada! ¡Feliz semana! 🙂

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Rompiendo mitos del amor romántico para una relación de pareja sana

Fotografía: Carlo Amaro

Fotografía: Carlo Amaro

A lo largo de toda nuestra vida aprendemos diferentes ideas y características de lo que es o no es el amor en pareja. Desde bien pequeños, nos hacen entender que el amor a la pareja es un sentimiento inmenso, dedicado solo a los adultos, fuera de nuestro entendimiento. Es fuerte, puede con todo, hace que te fusiones, que dejes todo tu pasado por amor, es eterno y demoledor.

Conforme vamos pasando por la pubertad, estas creencias acerca del amor romántico van cogiendo forma en definiciones concretas. La poesía y la música giran en torno a este sentimiento, capaz de hacer que toques el cielo o que bajes a los infiernos. Dentro de ese joven la idea de estar enamorado alguna vez es ya un deseo y un objetivo. ¿Quién no quiere experimentar el sentimiento que hace girar el mundo?

Quizás, por todas estas creencias erróneas o falsos mitos acerca del amor, las personas adolescentes y jóvenes entablan sus primeras relaciones de pareja con tanta intensidad emocional y tanto dolor cuando las relaciones no son lo esperado. El dolor, la decepción, el vacío y la incertidumbre, no tardan en aparecer.

Este sufrimiento por amor se sigue dando en la adultez. Si analizamos a todas las personas que han sufrido o sufren por amor, nos damos cuenta de que tenemos unas expectativas irreales hacia la pareja y unas esperanzas ilusorias acerca del sentimiento de amor. Cuando las personas esperamos algo inalcanzable de los demás, la más alta probabilidad es que nos defraudemos.

Es mucho más sano y más efectivo que tengamos una concepción realista de lo que es el amor romántico o el amor de pareja. No es lo que hemos visto en películas de príncipes azules ni princesas maravillosas. Por suerte, es algo más mundano, más humano y, por lo tanto, con errores. Si aprendemos a valorarlo y apreciarlo tal cual es, no crearemos expectativas falsas y podremos vivirlo y disfrutarlo intensamente, con los pies en la tierra.

A continuación, vamos a analizar los falsos mitos más comunes del amor romántico:

1.La omnipotencia del amor: El amor puede con todo. Si hay amor no necesitas nada más: Creer que el amor es la cura de todos los males es un error. Creer que da igual el problema de pareja que haya o que haya habido porque el amor lo cura todo, es un error. El amor es un sentimiento intenso, pero igual de intenso que las emociones negativas que nos puedan provocar situaciones y problemas de la vida. A parte de amor, tiene que haber comunicación, diálogo, negociación, comprensión y buena voluntad para solucionar las crisis de pareja y los desacuerdos puntuales.

Si pensamos y actuamos conforme al pensamiento de que el amor lo puede todo, descuidaremos a la pareja y la relación, promoviendo que los problemas no se solucionen y sigan creciendo. Esta creencia será el fin del mismo amor.

2. El verdadero amor es incondicional: Quizás haya un tipo de amor que sea incondicional y es el de los padres a los hijos (y no en todas las circunstancias) pero desde luego la exigencia de amar a nuestra pareja sin ningún tipo de condición es una esclavitud emocional, puesto que pensando así, nos permitimos que nos puedan hacer cualquier tipo de daño o desprecio. Cuando una persona aguanta y aguanta a su pareja porque piensa que debe amarle incondicionalmente, finalmente esta persona acaba hundida y con baja autoestima. Es cuestión de tiempo que la relación de pareja empeore y dejen de ser felices juntos.

El amor debe ser condicional. No todo está permitido ni todo debe ser tolerado. Cada uno debe marcarse sus propios límites de que cosas puede perdonar y dialogar y que cosas no está dispuesto a permitir bajo ninguna condición.

Primero es el amor a uno mismo y, ese, sí es bueno que sea incondicional.

3.El amor es eterno: Esta creencia es muy común entre las personas. Por desgracia, lo que llamamos amor es una compleja reacción neuropsicológica que altera el equilibrio normal de nuestros neurotransmisores produciendo niveles elevados de dopamina y serotonina, los llamados componentes de la felicidad. Esta reacción se da en el ser humano debido al instinto de supervivencia de la especie ya que, cuando estamos enamorados, nuestro máximo deseo es estar con la persona amada y dejar rienda suelta a la pasión. Este cambio en el equilibro de neurotransmisores ayuda a que las parejas puedan procrear en este periodo y, garantizar así, la supervivencia y la procreación de los genes.

Como toda reacción biológica, una vez ha finalizado su función, la reacción desaparece. El enamoramiento ha sido muy estudiado por muchas disciplinas. Todas han datado que el enamoramiento máximo se produce durante en el primer año de relación y tiene una duración máxima de 5 años. Pasados estos 5 años no hay reacción neuroquímica en el cerebro de las personas estudiadas. Por lo tanto, el amor no es eterno. Las parejas que duran más de 5 años y son felices es porque son parejas funcionales, que se llevan bien, tienen cariño, se quieren como personas, son amigos, tienen aficiones y amigos en común y tienen una convivencia agradable.

Si vives pensando que el amor es eterno, sufrirás mucho cuando dejes de amar a tu pareja o cuando ésta te deje de amar. Es bueno entender que esto nos pasará a todos y que es algo natural. Que hay que alimentar otros aspectos de la relación para que ésta siga adelante pasado este tiempo y sea una relación de pareja sana.

4. Sin ti no puedo vivir. Es posible que el primer año de relación esta afirmación se viva con mayor intensidad por el proceso neuroquímico descrito anteriormente. Pero todos somos conscientes de que sí se puede vivir sin la persona amada. Si la relación se rompe en contra de nuestra voluntad, pasaremos un proceso de duelo muy similar al que pasamos ante la muerte de un ser querido, pero es un proceso que superaremos.

Creer que nuestra vida depende de otra persona nos convierte en seres dependientes y obsesivos de esa persona. De esta forma, lo único que podemos conseguir, es agobiar y asfixiar a nuestra pareja, en lugar de sentirse amada que es lo que deseamos.

Todos somos mucho más fuertes de lo que pensamos y, el ser humano, está capacitado para sobrevivir en las situaciones más adversas. Una ruptura inesperada es un acontecimiento del que también se sobrevive. No puedes vivir sin agua, sin comida, sin dormir… pero sin una persona sí puedes vivir.

5. El mito de la Media Naranja o la complementariedad: Es muy común escuchar esta creencia falsa en cualquier entorno. La idea de que una persona es capaz de llenar todos nuestros vacíos y, así, formar juntos una nueva entidad completa y perfecta es, cuanto menos, terrorífica.

Es cierto que una persona puede tener cualidades y atributos que nosotros no tenemos y que podemos aprender de ellos, o incluso, delegar esas actividades que requieren esos atributos hacia esa persona que se le dan mejor.

Pero no es cierto que debamos buscar a alguien que supla nuestras carencias y nosotros las suyas. Pensando así, estamos frenando nuestro desarrollo emocional, psíquico y social. Nosotros mismos podemos aprender, cambiar y madurar esos aspectos que aún no tenemos. Una persona nos puede ayudar y nos puede enseñar. Pero no dejemos nunca que alguien nos llene nuestros vacíos. Nadie ha nacido para complacer a otra persona ni para completarla, esa es una carga demasiado grande para un ser tan vulnerable como el humano. Es una exigencia eterna que solo hará que llevemos una pesada carga toda nuestra vida. Ser libres, ser como somos y querer a las personas tal cual son, es la mejor decisión.

No busques una media naranja, tú ya eres un ser completo.

Como conclusión, podemos decir que el amor es un proceso de la naturaleza humana que nos ayuda a unirnos en pareja con el fin de sobrevivir individualmente y como especie. Este amor es un sentimiento intenso, pero no eterno ni capaz de luchar por sí mismo contra cualquier adversidad en la pareja. Nos aporta bienestar, pero siempre que cuidemos y mimemos otros muchos aspectos de la pareja.

Ser feliz es lo que importa. Estar en una relación de pareja es placentero, pero también requiere trabajo y esfuerzo. Si regamos nuestra relación diariamente y aportamos comprensión, respeto, afecto, apoyo y diálogo podemos conseguir que, aunque el amor no sea eterno, si lo sea nuestra relación con esa persona y que sea una relación muy intensa, profunda y cercana.

Espero que os haya gustado el artículo y, ya sabéis, si os ha gustado, no dudéis en compartirlo con vuestros contactos. 

¡Feliz semana a tod@s! 🙂

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La pérdida de un ser querido: Fases del duelo y su superación

Artista: Violett

Artista: Violett

Cuando perdemos a una persona importante en nuestra vida por una muerte, la mente humana comienza un proceso denominado duelo hasta llegar a la aceptación de esa pérdida.

La pérdida definitiva de una persona que forma parte de nuestro vida genera un gran vacío interior y mucha incertidumbre relacionada con la pregunta “¿Cómo va a ser mi vida a partir de ahora?”.

El ser humano es consciente de que la muerte forma parte del ciclo de la vida, pero existe un bloqueo emocional que no nos permite visualizar y planificar la muerte de un ser querido. Por eso, cuando esto ocurre (y aún más cuando es de manera inesperada) nuestra mente tiene que adaptarse a las nuevas circunstancias paliando con los sentimientos de pérdida y vacío.

Las fases del duelo se han descrito en 5 por la Psicología, dándose de una manera muy similar en todos los seres humanos de manera universal. Estas fases son cronológicas sucediéndose una a otra:

1) Negación: Esta es la primera fase, en la que no nos podemos creer lo que ha ocurrido. El cuerpo genera un bloqueo emocional como mecanismo de defensa para evitar tanto sufrimiento. Se tiene la sensación de estar en una pesadilla de la que se va a despertar. Hay personas que durante semanas después de la muerte de su ser querido no han derramado una lágrima y siguen haciendo su vida exactamente igual. Están en esta fase, negándose interiormente la realidad. 

2) Ira: Una vez nuestra mente es consciente de la muerte y la pérdida, sentimos una inmensa emoción de ira, enfado, rabia, cólera. Esta ira es la respuesta natural que tenemos para expresar nuestra disconformidad con lo ocurrido, nuestra manera de protesta y de luchar por lo que consideramos injusto. Esta ira puede ir enfocada hacia Dios si la persona es creyente: “¿Por qué me has hecho esto a mí? ¿Por qué me lo has quitado?”, hacia la vida: “¿De qué sirve vivir si acabaremos todos muertos? Después de todo lo que ha luchado en la vida ¿Por qué tuvo que morir?” o hacia uno mismo en forma de culpa con pensamientos acerca de haber podido hacer algo más para salvarlo “¿Por qué no me dí cuenta antes de los síntomas que tenía? ¿Por qué no pasé más tiempo a su lado? Seguro que podría haber evitado esto”.

3) Negociación: Una vez superada la ira, necesitamos creer que el mundo y la vida es algo que tenemos bajo control, que podemos cambiar el curso de las cosas. Nos acercamos al pensamiento mágico primitivo de nuestra mente. En esta fase, la persona puede negociar o hacer un trato con Dios, con la vida o consigo mismo. Es una manera de tratar de evitar lo inaceptable: es un canje de recuperación de la persona perdida o de su alma a cambio de una buena conducta. La mayoría de las veces estos pactos son secretos y no confesados a nadie. Pero dan alivio temporal a la persona, haciéndole sentir que puede hacer algo por la persona fallecida.

Artista: Violett

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4) Tristeza: Esta es la fase más larga y en la que la emoción de vacío y pena nos invade. Aquí somos plenamente conscientes de que la persona ha muerto y que nunca más volverá a estar a nuestro lado. Sentimos su vacío en el día a día, en los pequeños detalles, en las conversaciones, en las actividades en común y en un sin fin de situaciones. El mundo pierde interés para nosotros, porque sin esa persona no nos parece un buen lugar. Puede haber personas que se encierren en su casa, que pierdan todo el interés por el mundo. Otras personas, seguirán con sus obligaciones pero dejarán de disfrutar temporalmente de las cosas. Además, existe un pensamiento irracional que provoca culpa cuando se disfruta de algo. Se puede llegar a pensar “Yo aquí riéndome y mi padre muerto… soy mala persona”. Esta es la fase en la que más personas se atascan y no consiguen pasar por sí mismas a la siguiente.

5) Aceptación: Una vez superada la paralizante pena, entendemos que la vida es así y somos capaces de tener una vida después de la muerte de un ser querido. Recordamos los momentos pasados juntos con nostalgia, pero con alegría por haber sido un regalo en nuestro camino. Somos capaces de rememorar las enseñanzas personales que esa persona nos ha dado y nos sentimos felices de haber formado parte de su vida a pesar del dolor de la pérdida. En esta fase, encontramos una pequeña paz interior puesto que nos hemos desarrollado interiormente aceptando que la vida y la muerte es algo que está fuera de nuestro control y que, precisamente por eso, la vida es hermosa.

¿ Cómo superar de la mejor manera posible un duelo?

1) Hay que permitirse pasar por todas y cada una de las fases: El miedo a pasarlo mal nos puede atascar en las fases de negación e ira, ampliando el bloqueo emocional a otras áreas de nuestra vida. Al igual que quedarse en la fase de tristeza puede ser muy perjudicial desarrollando una depresión.

2) Contar con los que nos rodean, ellos siguen ahí: Expresar las emociones libremente y sentirse arropado es fundamental para superar este proceso. No hay que pensar que los demás se van a aburrir o que ya tienen bastante con sus problemas. La familia y los amigos estarán encantados de ayudarnos o, al menos, de darnos apoyo y cariño.

3) No sentirse culpable: Eliminar la culpa por disfrutar de la vida después de su muerte. Seguramente esa persona que ya no está ha deseado siempre nuestra felicidad y nunca quiso hacernos sufrir. La muerte forma parte del juego de la vida. Vivir, reír, disfrutar también lo es.

4) Intentar rememorar los aprendizajes positivos que esa personas nos ha dejado: Recordar lo bueno de esa persona, la huella que nos ha dejado nos da alivio puesto que sentimos que algo de esa persona queda aún en el mundo. No todo se ha ido y no todo se irá por mucho que pasen los años, mientras tú lo recuerdes.

5) La mejor manera de homenajear a esa persona que se ha ido es exprimiendo cada segundo de la vida, ser conscientes de que estamos aquí por un tiempo determinado y que la vida, solo pasa una vez. Ten esto siempre presente, proponte metas para alcanzar tus sueños y lucha por ellos. Deja tú también huella en los demás.

Espero que os haya servido de ayuda esta entrada, he intentado explicar el proceso de duelo de una manera amena para que todos los que paséis por este difícil momento podáis entender qué es lo que os está pasando y cómo salir de una manera positiva de ello. Cualquier duda que tengáis, estaré encantada de contestarla. Y si creéis  que puede ser interesante para una persona que conocéis o para vuestras amistades, no dudéis en compartirla.

Os deseo una feliz semana 🙂

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Adicciones: Etapas del cambio hacia la recuperación

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Las adicciones son un problema que genera mucha angustia en quien la padece y en su entorno más cercano. Estas se pueden dar a cualquier edad, aunque en España, la edad de inicio de los primeros consumos suele rondar los 12 años dependiendo del tipo de sustancia consumida o del tipo de adicción conductual.

Existen diversos tipos de adicciones a múltiples sustancias, a sustancias combinadas, a conductas concretas, a juegos e incluso a personas. A grandes rasgos,  se pueden dividir en dos grandes grupos: adicciones a una sustancia o adicciones comportamentales.

En ambas, el sujeto siente una fuerte e incontrolable necesidad de consumir la sustancia tóxica o de realizar la conducta adictiva. Sus esfuerzos por dejar la adicción atrás, suelen fracasar, haciendo que la persona se frustre y piense que nunca podrá dejar esa adicción. Gasta más dinero o más tiempo en la conducta adictiva del que le gustaría y siente una falta de control pudiendo aparecer sentimientos de culpa o vergüenza después de su realización.

Los familiares y personas más cercanas suelen intentar de diversas formas hacer ver a la persona adicta que tiene un problema. En muchos casos, son llevados en contra de su voluntad a centros de desintoxicación sin resultados óptimos. ¿Porqué no se dan buenos resultados? Hay que tener siempre presente, que en el largo camino que supone salir de una adicción, se han de pasar por una serie de etapas o fases que a continuación paso a explicar. Si una persona no es consciente de que tiene un problema, es posible que deje el consumo durante un tiempo, pero tarde o temprano volverá a realizar conductas adictivas. Es muy importante en la rehabilitación de la persona que pase por todas las fases del proceso para consolidar la abstinencia.

Existe un modelo en Psicología, el modelo de las etapas de cambio de los autores Prochaska y Diclemente, que nos explica las diferentes fases por las que atraviesa una persona adicta en su camino a la recuperación.

Estas fases son consecutivas a la vez que cíclicas, de hecho, la recaída forma parte del proceso en este modelo. Hay que tener en cuenta, que en toda terapia hay que educar en prevención de recaídas para que estás, si se dan, sepan preverse y controlarse, con el fin de que la persona no entre en un nuevo ciclo adictivo.

1) Pre contemplación: En esta etapa la persona no piensa dejar el consumo ni piensa en dejar de hacer la conducta adictiva. No es capaz de valorar las partes negativas de su adicción.etapas cambio adicciones noelia isardo ispeval psicologo valencia psicologo online terapia online

2)Contemplación: En este punto, el adicto hace balance de las pérdidas que le supone su adicción y de las ganancias de rehabilitarse. Siente miedo, ansiedad o piensa que va a ser muy difícil, pero en su mente ya se ha creado la idea de una vida fuera de dependencias y de manera intermitente contempla la posibilidad de dejarlo con ayuda o sin ella.

3) Preparación para el cambio o determinación: En esta fase la persona o bien puede realizar pequeños cambios (por ejemplo reducir el número de cigarros al día) o bien puede haberse puesto una fecha para empezar un tratamiento. También es una fase en la que da a conocer a sus allegados la decisión que ha tomado y el cambio que se dispone a realizar.

4) Acción o cambio: Aquí ya no hay consumo de sustancias o realización de la conducta adictiva. En este momento la persona está realizando cambios en su vida para dejar atrás su adicción.

5) Mantenimiento: Esta etapa, dura toda la vida del adicto, puesto que los pensamientos de consumo pueden aparecer aunque se lleven años sin consumir y se tenga una vida plena. La lucha interior estará siempre presente, pero con unas herramientas psicológicas adecuadas, un entorno social donde exista la expresión de emociones y la voluntad de pedir ayuda en momentos de dificultades, esta fase puede durar siempre sin dar lugar a recaídas.

6) Recaída: En la fase de mantenimiento, se pueden dar recaídas que variarán en duración e intensidad dependiendo de cada caso. Para evitar esta fase, hay que haber previsto todas y cada una de las situaciones en las que se puedan intuir que vaya a haber falta de control y haber realizado un plan de acción pormenorizado de qué es lo que se va a hacer en una situación de riesgo para no llegar a realizar la conducta adictiva.

En caso de una recaída, nunca hay que perder de vista que se puede volver a la fase de cambio y volver a dejar la adicción atrás con trabajo y esfuerzo. Hay personas drogodependientes que pasan muchos años de su vida entre las fases mantenimiento y recaída, hasta que consiguen evitar cualquier recaída.

El trabajo que los psicólogos realizamos con las adicciones consiste en ayudar a la personas a que pasen etapa  por etapa dotándoles de pautas, instrumentos, y herramientas psicológicas que consigan hacer más fácil este cambio. Ayudarles en las dificultades que le surjan para seguir avanzando es parte de nuestra tarea.

Mi consejo es que ante la duda de una posible adicción en uno mismo o en una persona cercana, busquéis ayuda de profesionales y os dejéis aconsejar. La recuperación de las adicciones es posible y son muchas las personas que han conseguido dejar su pasado atrás y comenzar una nueva vida sin ataduras ni dependencias, siendo libres, siendo ellos mismos. Nadie dijo que fuese fácil, pero merecerá la pena.

¡Os deseo una feliz semana a tod@s!

Gracias por seguirme y compartir 🙂

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