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¿POR QUÉ MIENTEN LOS NIÑOS? ¿CÓMO DEBO COMPORTARME ANTE UNA MENTIRA?

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A lo largo del desarrollo infantil se dan una serie de etapas que nos demuestran que el cerebro de nuestro pequeño se desarrolla de manera adecuada. Dentro de esas etapas, hay una especialmente preocupante para los padres por no saber cómo actuar ante ella o cómo poder evitar que no vaya a más. Hablamos de la etapa en la que los niños descubren la mentira y sus beneficios. 

Si tu hijo empieza a mentir, no debes preocuparte ni pensar que has hecho algo mal en su educación. La conducta de mentir nos indica que su desarrollo está siendo adecuado puesto que es capaz de distinguir lo que está bien de lo que está mal, de prever consecuencias y de planificar su conducta para modificar esas consecuencias.

Mentir es una conducta que se da en todos nosotros con mayor o menor frecuencia. Mentimos para evitar una consecuencia desagradable, por miedo o por conseguir nuestras metas. La diferencia entre un niño y un adulto reside en que el primero saber diferenciar entre mentiras piadosas que no acarrearán graves consecuencias a largo plazo y un niño no, solo puede prever las consecuencias inmediatas. Por eso, es importante que eduquemos a nuestros hijos dentro de un círculo de confianza y aceptación para prevenir estos engaños.

¿Qué hacer ante una mentira?

Cuando los niños son muy pequeños, menores de 4 años, su fantasía y creatividad está en su máximo esplendor: imaginan cualidades humanas a sus juguetes, hablan con ellos y estos les contestan, fantasean con mágicos lugares y escenarios, inventan canciones y bailes, etc. En su cabeza se mezclan realidad e imaginación. En esta etapa los niños pueden mentir como parte de un juego, sin intencionalidad de hacerlo para tener consecuencias positivas. Cuando un adulto se de cuenta de su mentira no debe reforzarla riéndose o siguiéndole el argumento. Si forma parte de un juego, lo adecuado es seguir con el juego, pero si sospechamos que esa mentira esta fuera de un juego y la hace para conseguir de nosotros una acción concreta hay que explicarle que no es bueno decir cosas que no son para hacer que los demás hagan lo que ellos quieren. No es efectivo un castigo ni un sermón, puesto que en estos años las mentiras no se hacen para evitar una consecuencia negativa.

A partir de los 4 años estas mentiras empiezan a realizarse con la intención de evitar un castigo o una regañina. Han aprendido que al decir una mentira pueden obtener consecuencias positivas para ellos mismos. Si descubres una mentira a tu hijo, lo adecuado es que hables lo antes posible en privado con él, nunca delante de otras personas para que no se sientan ridiculizados. Decirle con tranquilidad que crees que lo que te está diciendo no es verdad y que prefieres que te diga qué ha ocurrido porque lo más importante es la confianza, mucho más que no recibir un castigo. Si en ese momento dice la verdad, hay que reforzar con una muestra de cariño su esfuerzo y decirle que estás muy contento de que haya dicho la verdad, pero que como ha hecho algo mal hay que intentar poner remedio entre los dos. Por ejemplo, si no ha recogido sus juguetes y te ha mentido diciendo que sí, un vez ha confesado la verdad decirle “entiendo que me hayas mentido para que no te castigase, pero esa no es la solución, porque los juguetes siguen sin estar recogidos… ¿Qué crees que podemos hacer para que estén los juguetes en su sitio?”. Pensar en la solución más que en el problema. Esa es la clave.

Si continuase con la mentira, tiene que notar que eso os disgusta y que si finalmente descubres la verdad, te enfadarás mucho y tendrás que castigarle. Normalmente, los niños no quieren ver enfadados a sus padres y en este punto dicen la verdad: “Creo que sigues diciéndome una mentira y que los juguetes realmente no están recogidos. Si voy a la habitación y veo que los juguetes están en el suelo, me enfadaré mucho porque no me has dicho la verdad, entonces tendrás que recogerlos y además te castigaré sin usarlos mañana durante 1 hora…. Ahora dime ¿Están recogidos?”

Lo importante es no reforzar las mentiras por muy imaginativas y graciosas que nos parezcan. Una simple mueca de risa o una mirada de ternura entre los padres ante una mentira, es percibida por ellos e interpretarán que lo que han hecho es algo aceptable y bueno, por lo que lo repetirán.

Deben entender que la mentira no es una opción y hacerles ver las consecuencias negativas de una manera práctica, evitando sermones incomprensibles para ellos.

Es muy importante también dar ejemplo siendo sus modelos de actuación y que no nos descubran mintiendo o haciendo falsas promesas, pues entenderán que la mentira forma parte de la actuación normal de cada día.

Espero que estas sencillas pautas os puedan servir de ayuda y guía para poder enfrentarse ante las primeras mentiras de los más pequeños de la casa. Cualquier duda que tengáis podéis expresarla en el apartado “Comentarios” y será respondida en la mayor brevedad posible. 

Y si os ha gustado y consideráis que puede ser de interés para otros, os invito a compartirla en vuestras redes sociales. 

¡Feliz semana!

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CÓMO SUPERAR UNA FOBIA: VENCIENDO EL MIEDO IRRACIONAL

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En una entrada anterior explicamos qué es y cómo se produce una fobia  “Tengo una fobia: ¿Cómo se ha originado? ¿Por qué me ocurre?. Os aconsejamos su lectura antes de proseguir con esta entrada.

Para poder vencer una fobia hay que recordar que lo que hace que se mantenga ese miedo irracional es que cada vez que nos enfrentamos al objeto o situación temida, nuestro cerebro interpreta que hay un peligro y pone en marcha el mecanismo de la ansiedad, haciéndonos evitar o huir de lo que nos produce miedo. Como este proceso lo hemos repetido en muchas ocasiones, nuestra memoria “cree” que esto que hacemos, huir o evitar, es la conducta adecuada, puesto que nos pone a salvo. Lo que ocurre, es que esto no hace más que aumentar nuestra fobia, puesto que nunca experimentamos que realmente no ocurre nada por lo que temer o no es tan extremadamente peligroso. Por eso, la mejor terapia y la única demostrada científicamente cómo eficaz es la terapia de exposición. Pero ¿En qué consiste?

En primer lugar, hay que hacer una escala de items o situaciones temidas de menos a más, puntuándolas de 0 a 10 siendo 0 nada de ansiedad y 10 máxima ansiedad. Todas las personas con fobia saben que hay situaciones que les producen mucho más miedo que otras. Por ejemplo, alguien con fobia a los perros podría poner que no le produce nada de ansiedad ver un perro en una fotografía, que le produce un 4 de ansiedad pasar por una tienda donde haya perros, 6 de ansiedad pasar cerca de un parque donde estén los perros atados y 10 de ansiedad tener un perro a su lado.

Una vez hecha esta lista, la persona con fobia tiene que ir exponiéndose, progresivamente, de la situación menos temida a la que más. Esta exposición se debe hacer sin prisas y sin realizar las conductas de falsa seguridad (como cerrar los ojos, taparse los oidos, mirar para otro lado, tomar ansiolíticos, etc).

Debe experimentar la situación u observar el objeto plenamente. Al principio, la ansiedad irá en aumento hasta llegar a su punto máximo, donde se estabilizará para, en pocos minutos, ir bajando poco a poco hasta estar controlada o no producir prácticamente nada de ansiedad. Cada 10 minutos debe anotar en una gráfica el nivel de ansiedad que tiene para poder ver cómo esto ocurre así.

Esto es lo que se llama “la curva de la ansiedad” y se da en todos de la misma manera. Aunque la persona con fobia crea que no va a poder dejar de tener ansiedad, esto no es cierto. Si nos exponemos el tiempo suficiente al estímulo temido, comprobaremos que esta ansiedad desaparece.

Una vez expuesto por primera vez a ese ítem, debe seguir exponiéndose cada día hasta que la ansiedad inicial sea de 0. En la mayoría de los casos, los clientes en 3 o 4 sesiones de exposición a un mismo item, comentan que ya “se aburren” de hacerlo, que ya no les produce nada de miedo. Ese es el momento adecuado para pasar al siguiente ítem de la escala que se realizó.

Para poder hacer esta técnica, es necesaria la supervisión de un psicólogo especialista en técnicas de exposición, no intentéis hacerlo solos puesto que, si no se realiza bien, puede ser incluso contraproducente al causar sensibilización a los estímulos. Esta técnica, es eficaz desde los primeros ítems y produce una gran sensación de control en las personas. 

Os animo a todos aquellos que tengáis alguna fobia que os limita, os molesta u os dificulta algún aspecto de vuestra vida, que acudáis a un psicólogo y pongáis en marcha la terapia de exposición. Veréis rápidamente los resultados.

Espero que os haya servido y ayudado esta entrada. Mi deseo es que los que padecéis este miedo intenso os animéis a tratarlo para tener una vida más tranquila. Y si consideráis que puede ser de ayuda para otros, no dudéis en compartirla en vuestras redes sociales 🙂 

¡Feliz semana! 

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CÓMO SUPERAR EL SÍNDROME POSTVACACIONAL

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Las vacaciones se terminan y con ellas dejamos atrás la tranquilidad, la falta de horarios fijos, los momentos de relax y la libertad de no tener estrés ni obligaciones.

La vuelta a la rutina y al trabajo provoca en algunas personas lo que se ha denominado Síndrome Postvacacional. Este síndrome se caracteriza por sentimientos de estrés, tristeza e impotencia al enfrentarse a su día a día y, especialmente, al enfrentarse a sus obligaciones laborales. 

Aunque este síndrome es muy común, no se da en todas las personas. Aquellos que tienen un trabajo que les motiva, que cubre sus necesidades de autorrealización y que es acorde a su vocación no sufren de una manera tan fuerte este síndrome puesto que, incluso, tienen ganas de realizar nuevos proyectos y nuevos objetivos en su trabajo.

En caso de que el puesto de trabajo no sea del agrado de la persona, aparecerán los pensamientos negativos y ansiógenos, provocando malestar y apatía y, con ello, los sentimientos de tristeza y frustración. 

Llegados a este punto, es bueno entender que es común tener cierto malestar al despedirnos del periodo vacacional, puesto que a todos nos agrada tener todo el tiempo del mundo para nosotros mismos sin ninguna obligación. Pero la ansiedad o la tristeza deben ser de intensidad muy baja y no durar más de una semana. En caso contrario, es bueno hacer una reflexión y valorar qué es exactamente lo que no nos gusta de nuestra rutina, pues en nuestras manos está el modificarla, el buscar nuevos hobbies, el buscar un trabajo más motivador o el decidir qué cambios hacer para que nuestra rutina, que es nuestra realidad, sea más agradable.

Si los síntomas del síndrome postvacacional se alargan en el tiempo, puede que se esté confundiendo este síndrome con algún otro tipo de patología, como puede ser la depresión estacional común en las estaciones de otoño y primavera. La recomendación es que si se siente que las emociones están fuera de control, se acuda a un especialista para que evalúe individualmente su caso.

En caso de ser un síndrome postvacional común, estos sencillos consejos pueden ayudar a que se lleve mejor:

  1. Crear una lista de nuevos objetivos a cumplir antes de las próximas vacaciones, secuenciarlos en pasos y en tiempo y luchar por conseguirlos.
  2. Planear alguna pequeña escapada a pocos meses nos hará volver a tener la ilusión de otro momento de relax.
  3. Compartir tiempo con familia y amistades que no hayamos podido ver mucho en nuestras vacaciones
  4. Realizar alguna actividad física o deporte siempre ayuda a activarnos.

Espero que esta entrada os ayude a los que hayáis vuelto de vuestras vacaciones y, si os resulta interesante, no dudéis en compartirla con vuestros contactos. 

¡Nos vemos la próxima semana! 🙂

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Tengo una fobia: ¿Cómo se ha originado? ¿Por qué me ocurre?

Fotografía: Carlo Amaro Modelo: Violett

Fotografía: Carlo Amaro
Modelo: Violett

¿Te bloqueas cuando aparece delante de ti el objeto que te da miedo? ¿Tienes miedo al pensar que puede estar cerca tuyo? ¿Crees que no puedes controlar tus sensaciones físicas? ¿En el fondo sabes que no va a pasar nada malo pero no puedes evitar ponerte ansioso? ¿Tienes taquicardia, sudor, temblor, rigidez? Si tienes todos estos síntomas ante un objeto o circunstancia, seguramente tengas una fobia, pero… ¿Qué es una fobia?

Una fobia es un miedo intenso, desproporcionado e irracional ante la presencia o idea de objetos o situaciones temidas llamadas fóbicas. Este miedo hace que la persona tenga una respuesta de ansiedad teniendo unos síntomas físicos muy desagradables y que provocan mucho malestar. A veces se puede saber el momento exacto en que se desarrolló una fobia, pero a veces, ese momento se dió en la infancia y es complicado recordarlo.

¿A qué se puede tener fobia? A todo lo que nuestro cerebro asocie como peligroso, pero hay algunas que son más comunes como miedo a espacios cerrados, miedo a espacios abiertos, miedo a animales, miedo a conducir, miedo a volar, miedo a las tormentas, miedo a algún insecto o miedo a hablar en público.

¿Por qué se produce una fobia? Nuestro cerebro está programado para reaccionar con el mecanismo de la ansiedad ante estímulos que puedan provocarnos un daño físico grave o que puedan poner en peligro nuestra vida.  Estos estímulos son los llamados incondicionales, es decir, que cualquier ser humano tendría miedo ante ellos. Estos estímulos, por poner algunos ejemplos, pueden ser: sufrir un accidente de coche con lesiones, la mordedura de un perro, contagiarse de una enfermedad, quedarse sin oxígeno, sufrir una ataque al corazón, estrellarse en un avión, etc.

Las personas con fobia han experimentado situaciones peligrosas en primera persona, lo han oído de terceros, se han sugestionado imaginándolo o lo han visto en otras persona. En esta situaciones se ha puesto en peligro la vida de alguna persona o ha habido una situación en la que se ha podido provocar un daño muy grave. Por ejemplo, han sido agredidos por un perro, han visto desde pequeños como su madre gritaba ante una cucaracha, han visto en las noticias un accidente de avión, han ido conduciendo mientras han visto un accidente grave a pocos metros, etc.

Al experimentar directa o indirectamente estos acontecimientos han tenido una respuesta física de ansiedad intensa: taquicardia, sudor, temblor, tensión muscular, aceleración de la respiración…. Toda esta respuesta física es provocada porque nuestro cerebro ha percibido el estímulo incondicionado y lo ha interpretado como “peligro”. Esa interpretación hace que nuestro organismo se acelere para poder huir, evitar o luchar contra el estímulo para proteger nuestra vida.

Imaginemos por un momento que estando en nuestro salón, de repente apareciese un toro. Al visualizar el toro nuestro cerebro interpreta que puede atacarnos=herirnos=morir=peligro, por lo que para salvarnos tenemos que huir lo más rápido posible. Para ello necesitamos más sangre en nuestros músculos (taquicardia), más oxígeno en ellos (aceleración respiración), tensar los músculos (protegernos y correr), refrigerar el cuerpo (sudoración), etc. Esta respuesta de ansiedad, que es automática, es la única que puede hacer que tengamos una oportunidad de sobrevivir (imaginaos que pasaría si al ver el toro no lo interpretásemos como peligro y no se activase el mecanismo de la ansiedad….)

Pues bien, cuando una persona experimenta directa o indirectamente un acontecimiento donde hay peligro para la supervivencia, su cerebro procesa todo ese momento y lo recuerda. Pero en este recuerdo asocia estímulos que serían neutros como estímulos condicionados. Es decir, por ejemplo, si ves un accidente de coche el estímulo incondicionado sería el accidente, pero el coche que en un principio sería neutro (ver un coche o subirse en él no produce ansiedad en todos) se convierte en un estímulo condicionado, es decir, que solo el hecho de subir en el coche produce la misma respuesta de ansiedad que si se estuviese seguro de que se va a sufrir un accidente.

Pongamos el ejemplo de una persona que ha experimentado como un perro le ha ladrado agresivamente: el estímulo incondicionado (el que nos daría miedo a todos) sería la mordedura del perro, pero se ha asociado el perro que inicialmente es neutro (no nos da miedo a todos) con peligro, convirtiéndose en un estímulo condicionado (es decir, que provoca la misma respuesta de ansiedad que ante una mordedura real).

¿Cómo se desarrolla una fobia? La persona que ha experimentado estos acontecimientos empieza a evitarlos activamente, a huir de ellos si aparecen de repente y a realizar conductas de falsa seguridad o falsa protección si no ha podido huir. Por ejemplo, una persona con fobia a los perros evitará ir a parques, a campos o a lugares donde sepa con certeza que los dueños pasean a sus perros; si se encuentra con uno huirá corriendo, o se cambiará de acera. Si no le queda otra que estar con el perro, le pedirá a su dueño que lo ate, que no se lo acerque, que lo encierre y se pondrá en el lugar más lejano al perro estando continuamente pendiente de él.

Conforme va pasando el tiempo, la persona fóbica va asociando más estímulos inicialmente neutros con peligro, condicionándolos. Esto es lo que se llama generalización: la persona con miedo a las tormentas acabará teniendo miedo de todas las cosas que hagan mucho ruido (similar a un trueno): petardos, globos, películas de acción o de suspense….

Lo que ocurre es que la persona “CREE” que al evitar, huir, o hacer conductas de falsa seguridad se está protegiendo y que, es por eso, por lo que no le ocurre nada malo. Es decir, cada vez que vive una situación no se enfrenta a ella, la esquiva lo máximo que le es posible, fortaleciendo así más la asociación del estímulo condicionado con la idea de peligro.

Cuando razonan, saben que su miedo es irracional y son conscientes de que subir a un coche no va a matarlos. Pero en el momento en el que están en esa situación su cerebro les dice “peligro” y su organismo reacciona con mucha ansiedad. Esto les hace salir del coche (huir), entonces se sienten aliviados y baja la ansiedad, por lo que su cerebro les dice que han hecho bien, que se han puesto a salvo. No pueden evitar tener estas respuestas de ansiedad. El problema es que al huir no se están dando la oportunidad de experimentar que realmente no les va a ocurrir nada malo. Su cerebro nunca puede aprender que tienen un miedo infundado y, por lo tanto, va a seguir mandando el mensaje de “peligro” ante todos esos estímulos que algún día fueron neutros para ellos.

Pero, ¿Cómo puede tratarse una fobia? Como este asunto es extenso, será publicado en la siguiente entrada de la próxima semana, explicando paso a paso cómo conseguirlo.

Espero que os haya ayudado a entender un poco mejor qué es una fobia, porqué se produce y se desarrolla y, sobretodo, que os haya servido para entender porqué produce una reacción de miedo tan intensa. Si tenéis cualquier cuestión, no dudéis en publicarla en el apartado “Comentarios” y será respondida. Al igual que si consideráis que puede resultar de interés para otros, os invito a compartirla en vuestras redes sociales. 

¡Qué tengáis una feliz semana! 🙂

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S.O.S: ¡Vivo con un adolescente! ¿Qué hago para mejorar la convivencia?

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Vivir con un adolescente no es nada fácil, son muchos los padres angustiados que llaman y acuden a las consultas de psicólogos buscando alivio, consejo y ayuda para poder tener una relación más positiva con sus hijos adolescentes y acabar con las discusiones en el hogar.

Pero antes de pasar a dar unas pautas básicas, es importante entender qué es lo que está pasando por dentro y por fuera de un adolescente.

La adolescencia, como todos sabemos, es una fase en nuestro desarrollo personal en la que se acontecen una gran cantidad de cambios físicos, psíquicos y sociales que podemos definir como el paso de la niñez a la adultez.

En el aspecto físico, nuestro cuerpo se desarrolla hasta ser un organismo maduro capaz de reproducirse. Algunos adolescentes ven estos cambios de una manera positiva. Sin embargo, otros los experimentan con miedos y complejos. Es aconsejable informar a nuestros hijos acerca de los cambios que están y que van a experimentar, normalizando este acontecimiento y arropándoles en este proceso. Imaginemos por un momento que en un periodo de 2- 3 años nuestro cuerpo cambiase tanto como cambia el cuerpo de un niño a un adulto. Tendríamos que volver a construir nuestro autoconcepto y reconocer esa imagen que vemos en el espejo como uno mismo. Es un proceso que, además del aspecto más puramente físico, acarrea un aspecto psíquico de aceptación y de autoconocimiento.

En el aspecto psíquico, el adolescente necesita su propio espacio. Filogenéticamente, nuestros antepasados se independizaban del hogar familiar en este periodo. El momento de ser capaces de crear una familia propia, era el momento de salir de la familia de origen. Actualmente, en algunas culturas sigue siendo así. La psiquis de un adolescente le dice que ya es adulto, que es capaz de decidir por sí mismo, que tiene que romper con las normas de sus progenitores y crear las suyas propias. En nuestro contexto, esto es causa de muchos conflictos puesto que viven bajo el mismo techo progenitores y adolescentes, creando choques de ideas donde es muy difícil llegar a acuerdos. Algunos padres tienen la sensación de que “les llevan la contraria” en todos los aspectos y parece que incluso lo hacen a propósito. Esto no es del todo cierto, puesto que, la mente de un adolescente tiene esa necesidad de romper con las normas establecidas y experimentar las suyas propias. Es parte del desarrollo de un adolescente buscar una distancia psíquica de sus progenitores, buscar su propio espacio y su propia identidad.

En el aspecto social, es una etapa en la que se le da un gran valor al grupo de amigos, de iguales. Todo lo que el grupo diga o haga es para el adolescente la norma y la guía de su conducta. Esto tiene que ver con el proceso de crear su propia identidad. Necesitan, a parte del distanciamiento de los padres, el acercamiento a un grupo propio y sentir que forman parte de él. Su identidad se formará en unos cuantos años pasando por diferentes estadios hasta alcanzar la identidad propia y definitiva. Es necesario para un adolescente pasar mucho tiempo con sus amigos, puesto que se sienten entendidos, comprendidos y apoyados. Es positivo que tengan experiencias sociales e incluso pueden cambiar varias veces de grupo de amigos en esta etapa.

Resumiendo hasta aquí, podemos decir que la adolescencia es un proceso que dura varios años (Entre los 11-12 hasta los 18-20) donde se dan cambios físicos, psíquicos y sociales que revolucionan por completo la vida del adolescente y de su familia.

Dicho esto, la angustia que muchos padres muestran es acerca de cómo educar a su hijo adolescente evitando los conflictos familiares. Cada familia es diferente y, el trabajo de los psicólogos, consiste en hacer una evaluación de cada una de las situaciones conflictivas que se dan en la familia. En la mayoría de ocasiones, el problema está en que al hijo adolescente no se le han puesto límites desde pequeño y ha acabado desarrollando el “Síndrome del Emperador” controlando todas las normas de la casa y haciendo y deshaciendo a su antojo. Llegados a este punto de conflicto, mi consejo es que acudan a un psicólogo y expliquen su situación para que puedan realizar un programa de pautas individualizado a su caso.

A continuación, paso a exponer 4 recomendaciones generales que pueden ayudar a los padres a tener una convivencia mejor con sus hijos adolescentes:

  1. Más que imponer, negociar. Puesto que el desarrollo psíquico de un hijo adolescente es algo evidente, es una etapa en la que se revelan contra las normas, por lo que, suele dar mucho mejor resultado negociar las normas de casa con ellos, hablando el tiempo que sea necesario, en un clima de diálogo y de acercamiento de posturas. Los padres tienen que entender que deben dar más autonomía a sus hijos porque la necesitan y porque ahora es el momento en el que los hijos pueden aprender de los propios errores teniendo aún a sus padres al lado para que les ayuden a levantarse de nuevo. Es bueno que se equivoquen por ellos mismos y sufran las consecuencias de sus actos. Las negociaciones tienen que tener la finalidad de que ambas partes se entiendan y se respeten.
  2. Fomentar la autonomía. Además de negociar las normas, es positivo que ellos mismos se ganen su paga semanal con tareas del hogar. Tienen que aprender que la casa es de todos y, por lo tanto, tienen que formar parte activa de sus obligaciones. Es una manera de que poco a poco aprendan a llevar una casa para cuando sean adultos y se independicen. Para motivarlos, se puede hacer un planning semanal y dividir el importe total de la paga entre las tareas que semanalmente tengan que realizar. Cada vez que realicen una tarea se anota en el planning y, al final de la semana, se suma esa cantidad  que será la paga que recibirán. Es una manera de que aprendan a valorar el dinero y de que aprendan también a valorar la limpieza y el orden de la casa.
  3. Dejarles su espacio de intimidad. Es aconsejable que tengan su habitación propia y que se les respete en su espacio. Llamar a la puerta antes de entrar les hará sentir que respetas su espacio e intimidad. Así mismo, hay que ser respetuoso con sus opiniones por muy absurdas que nos parezcan, debemos pensar que son opiniones basadas en la inexperiencia pero que ellos las sienten como reales y ciertas. No mofarse de su ropa, no criticar a sus amigos. Respetemos cómo son (nos guste o no) y busquemos un acercamiento a sus ideas.
  4. Entender que necesitan gran cantidad de tiempo para socializarse. Puesto que es una etapa en la que el grupo de iguales cobra más protagonismo que nunca, intentemos, en la medida de lo posible que disfruten de los amigos y ayudemos a que sepan divertirse de una manera sana. Si les prohibimos salir con los amigos porque consideramos que tienen que estar más tiempo en casa, lo que conseguiremos es que no confíen en nosotros y que se distancien aún más emocionalmente. Podemos ofrecer nuestra casa para que vengan a merendar con sus amigos, así también los conocemos y estaremos más tranquilos de saber con quién va nuestro hijo.

Aún siguiendo estas sencillas pautas, convivir con un adolescente puede resultar un foco de estrés y ansiedad. Hay que tener mucha paciencia y cambiar también nuestra forma de percibir a nuestro hijo: “Es un pequeño adulto inexperto que no sabe manejarse en el mundo, pero que él está convencido de que sí”. Seamos sus compañeros de camino en esta etapa dándole la mano siempre que nos necesiten pero aceptando que quieren experimentar andar el camino ellos solos.

Como siempre, espero que os haya gustado y servido de ayuda esta entrada. Y, ya sabéis, si consideráis que puede ser interesante para otras personas, no dudéis en compartirla 🙂

¡Hasta la próxima entrada! ¡Feliz semana! 🙂

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De un “Hasta siempre” a un “Hasta aquí”: Cómo superar una ruptura de pareja.

Artista: Violett

Artista: Violett

Cuando empezamos un romance y nos enamoramos, creemos que esa persona estará con nosotros todos los días de nuestra vida, que haremos proyectos en común, que crearemos una familia y un hogar… que envejeceremos juntos. Nos damos el “sí, quiero” ante toda nuestra familia y amigos como testigos. Nuestra idea de futuro va asociada a esa persona.

Pero, ¿Qué pasa si el “Para siempre” se convierte en un “Hasta aquí”? Hay muchos tipos de rupturas: las más fáciles son las que se hacen por mutuo acuerdo bien porque se ha terminado el amor o bien porque se tienen proyectos de vida diferentes. Pero en la mayoría de las ocasiones. es uno el que toma las riendas y acaba con la relación. La situación se agrava si hay hijos menores o que aún viven en el hogar, hipotecas o bienes en común.

La persona que es dejada tiene que pasar por un proceso de duelo, puesto que es una pérdida real de su ex pareja, así como de la vida en común, la familia política, los amigos del otro…. Su esquema de vida se tambalea, teniendo sensación de vacío y de encontrarse perdido y vulnerable ante la vida. Tiene que aceptar lo que ha ocurrido, superar la culpa hacia uno mismo o la rabia hacia el otro, proyectar un nuevo futuro en su vida e intentar ser feliz de nuevo. Pero esto, a menudo, no es tan fácil.

Para la persona que ha tomado la decisión suele ser más fácil este proceso puesto que previamente ya ha valorado los pros y los contras de la separación. No hay una rotura de esquemas tan grande, aunque también va a requerir de tiempo para procesar todas las emociones que le sobrevengan.

Existen una serie de pautas que pueden ayudar a llevar de la mejor manera posible una ruptura:

1) Permitirse estar mal durante un tiempo: Una ruptura es un proceso doloroso para todos, las emociones son muy variadas, habiendo momentos de euforia, otros de tristeza, otros de rabia… con una sensación de vacío constante. Algunas personas viven los primeros momentos con mucha ansiedad y se aíslan de su entorno. Vivimos en una sociedad del bienestar en la que prácticamente no está permitido sentirse mal, pero como humanos que somos, todas las emociones existen por algo y, la tristeza, es la emoción que nos ayuda a despedirnos de lo que hemos perdido. Es normal que durante unas pocas semanas sintamos un descontrol emocional. Somos humanos, tenemos emociones y sentimientos.

2) Rodearse de personas que nos apoyen: Hay que dejarse mimar, la familia y los amigos nos pueden ayudar cuando nos proponen hacer planes que nos ayuden a despejar la mente por unas horas. Si necesitas de ellos, no hay que pensar que eres una molestia, al contrario, en estos momentos los necesitas y has de hacérselo saber.

3) Zanjar todos los temas pendientes con tu ex lo antes posible: Hipotecas, casas, bienes en común, pensiones, etc. son asuntos que si se postergan generan mucha ansiedad, mucha incertidumbre y puede acarrear mucho dolor. Cuanto antes se llegue a un acuerdo, antes se acabará el duelo y tendremos espacio para rehacer nuestras vidas por separado. Si el acuerdo es muy difícil, lo conveniente es ponerse en manos de terceros que gestionen por nosotros estos asuntos.

4) Intentar tener el mínimo contacto con tu ex pareja: Siempre se recomienda que los primeros meses el contacto sea nulo, hasta que las dos partes dejen de tener sentimientos y hayan sido capaces de cerrar el vínculo que les une.

Lo de “podemos ser amigos” puede darse en algunas parejas a las que se les acabó el amor y que han terminado de mutuo acuerdo. En los casos en el que uno de los dos siga sintiendo amor por el otro, hay que dejar tiempo y espacio para que pueda superar esta ruptura.

5) Ser tolerante en la custodia de los hijos: Muchos son los padres que utilizan a los hijos tras una separación como arma arrojadiza o como moneda de cambio, debido a la rabia que se tiene a la ex pareja. Ambos son padres por igual y hay que intentar mirar por el bienestar de los hijos llegando a un acuerdo. Hoy en día, existen psicólogos mediadores que pueden ayudar en este punto, mucho mejor siempre que hacer un juicio por la custodia.

6) Creerte capaz de superar este momento: El ser humano es una especie con una alta capacidad de adaptación a los cambios y a situaciones adversas. Piensa en otros momentos de tu vida en los que pensaste que ibas a ser incapaz de alcanzar algo o de superar un momento, y lo hiciste. Estamos capacitados para ello, somos mucho más plásticos y fuertes de lo que nos podemos imaginar. Todo se puede acabar superando, solo tienes que confiar en tus capacidades y exprimir tus potencialidades.

7) Proyectar un camino futuro: Imaginar qué cosas te gustaría hacer y no has hecho con tu ex pareja, ahora es el momento de listarlas y realizarlas. Tu futuro ha cambiado, ahora solo depende de tí el rumbo que le quieras dar. Lo positivo es que ya no tienes que acordar con otra persona nada, ni ceder en nada, ni renunciar a nada. Tu futuro es tuyo y solo tuyo. Puedes hacer con él todo lo que quieras siempre que lo tengas claro y te esfuerces en conseguirlo. Toda crisis personal es una nueva oportunidad para desarrollar nuevos aspectos personales que te harán crecer como persona.

Como ya he comentado, un proceso de separación es uno de los más difíciles a los que nos podemos enfrentar en nuestras vidas. Si te encuentras en una situación así y necesitas ayuda profesional, no dudes en buscarla, los psicólogos podemos ayudarte a superar el duelo y a focalizar una nueva vida.

Espero que os haya gustado y servido de ayuda. Si crees que alguien de tu entorno puede beneficiarse de estos consejos, no dudes en compartir la entrada 🙂

¡Feliz semana a tod@s!

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¿Cómo tomar una buena decisión? Aprende una herramienta rápida y eficaz para solucionar tus problemas

Fotografía Carlo Amaro

Fotografía Carlo Amaro

Todos hemos experimentado en algún momento de nuestras vidas un bloqueo de pensamientos que nos provoca un gran malestar emocional cuando no sabemos qué rumbo tomar en algún aspecto de nuestra vida. Tomar decisiones importantes nos puede provocar mucho estrés, ansiedad e incluso depresión. Y más cuando no vemos salida a nuestro problema.

Muchas de las personas que acuden a consulta, acuden porque se sienten depresivas, con ansiedad, no duermen bien y no saben porqué. Cuando evaluamos, descubrimos que el problema radica en que tienen un problema personal y no saben qué hacer para resolverlo.

En Psicología se ha desarrollado un proceso denominado “Toma de Decisiones” que utilizamos en terapia para ayudar a las personas que se encuentran en esta encrucijada. Una persona ajena y objetiva a la situación puede ser de gran ayuda, pero la decisión final la toma uno mismo.

Tenemos que aceptar que vivir es sinónimo de tener problemas pero que podemos resolverlos de una manera activa y eficaz. Podemos aprender también a reconocer las situaciones problemáticas con rapidez así como controlar la tendencia a responder impulsivamente. 

A continuación, paso a exponer los pasos para poder realizar una buena Toma de Decisión y, poder así, realizar la alternativa más ventajosa.

1) Definir concretamente el problema a solucionar, con una pregunta. Quizás este sea el paso que más dificultad supone para la persona que se encuentra en esta situación. Hay que ser honesto con uno mismo y ser capaz de ver que hay objetivos que son incompatibles. Por ejemplo, no se puede terminar con una relación de pareja sin hacer sufrir al otro, pero si se puede terminar con una relación haciendo el menor daño posible y siendo conscientes de que nosotros también sufriremos, de modo que la pregunta a solucionar sería “¿Cómo puedo terminar esta relación haciendo el menor daño posible a la otra persona y sin que me vea muy dañado?” . No se puede pretender ser perfecto en el trabajo y no estar estresado por ello, pero se puede ser lo más perfecto posible con la condición de que se disfrute “¿Cómo puedo ser eficaz en mi trabajo sin llegar a casa tan agobiado?” . Recuerdo un caso, en el que una joven estaba estudiando fuera de su ciudad, había suspendido muchas asignaturas del último curso y no sabía si continuar allí o volver a su ciudad. Analizando la situación, el hecho de volver era promovido por sus padres por un asunto económico, pero ella prefería continuar allí. Finalmente, el objetivo que planteamos fue “¿Cómo puedo conseguir dinero para seguir mis estudios donde estoy?”

Como veis, se trata de hacer una pregunta concreta, concisa y abierta del problema que os está generando angustia.

2) Lluvia de ideas: En este paso, haremos un listado de todas las posibles soluciones, sin evaluar si son o no son buenas. Hay que dejar volar la imaginación y hacer un listado lo más extenso posible de todas las alternativas que se nos ocurran: ” ¿Cómo puedo ser eficaz en mi trabajo sin llegar a casa tan agobiado? Hablar con mi jefe para pedirle más personal en mi sección/ Liberarme de carga de trabajo relegando en mi equipo/ Hacer cursos formativos para tener más capacidad/ Centrarme en mi trabajo sin estar pendiente de lo que hacen mis compañeros/ Apuntarme a clases de natación al salir de trabajar para liberar estrés/ Pedir a mi jefe aumento de horas para poder finalizar bien el trabajo…..”.

La idea es que cuantas más alternativas tengamos mejor, prima la cantidad no la calidad.

3) Toma de decisiones: Eliminaremos las alternativas que supongan mucho riesgo o las que no tengamos recursos personales o materiales para realizarlas. Con las que queden, evaluaremos de cada una de ellas, los aspectos positivos y negativos a corto y largo plazo. A cada uno de estos aspectos que surgan le daremos una puntuación, del 0 al 10, donde 0 sea ninguna fuerza y 10 máxima fuerza para la persona. Por ejemplo, “Liberarme de la carga de trabajo relegando en mi equipo: Consecuencias positivas a corto plazo: menos trabajo 9, más tiempo para concentrarme en mis funciones 8, menos estrés 9. Consecuencias negativas a corto plazo: los compañeros me criticarán 5, algunas cosas se harán mal porque no se implican como yo 9.  Haremos lo mismo con las consecuencias a largo plazo.

Sumaremos, por un lado, las puntuaciones de las consecuencias positivas y, por otro, las de las negativas. Y haremos una simple resta.

La alternativa que mayor puntuación haya obtenido, será la elegida.

4) Aplicar la alternativa elegida: Hay que saber qué necesitamos material, personal y de otros para realizar esa alternativa. Prever qué obstáculos pueden surgir (siempre se recomienda hacer un listado) y saber cómo vamos a superarlos.

Una vez hecho esto, tenemos que saber cuándo y cómo vamos a realizar esta alternativa y aplicarla.

5) Evaluación de resultados: Cada semana, evaluaremos si se dan las consecuencias que habíamos previsto y si se están superando correctamente los obstáculos. Si la alternativa ha funcionado para resolver el problema seguiremos aplicándola. En caso contrario, aplicaremos la alternativa que segunda mejor puntuación había obtenido.

Lo importante de este método, no es en sí conseguir la mejor alternativa, si no aprender a manejarnos en la Resolución de Conflictos personales, aprender una práctica y eficaz herramienta que nos libere de incertidumbre, miedo y angustia. 

Las personas que saben tomar decisiones aplican inconscientemente este método: definición del problema, generación de alternativas, valoración de alternativas, elección de alternativa, previsión de obstáculos y evaluación de resultados. 

Os animo a que si estáis en una situación de toma de decisiones, apliquéis este método y compartáis con todos vuestros resultados. Cualquier comentario o duda, será bien recibido siempre.

Y ya sabéis, si os ha gustado, podéis compartir para que otros se beneficien de esta herramienta psicológica

¡Feliz semana! 😉

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